TRES Bartolomé Leal es un escritor policial que observa con asombro y respeto al otro con el que se cruza en su trayecto por el mundo. Es un autor de la familia de Kipling y Conrad, pero también de Hammet y Chandler. Los paisajes, las culturas, las diferentes imágenes, los múltiples olores cautivan a un escritor que no sólo tiene la capacidad de mantenernos en tensión durante cientos de páginas, sino que es capaz de hacernos disfrutar de otros lugares. Como toda buena literatura, la obra de Leal nos hace viajar. En un hermoso mail que Bartolomé me escribió hace ya algún tiempo, me dijo algo así: “no debes olvidar que toda literatura tiene algo de autobiográfico y algo de ficción”. Él reconoció en una ponencia que su obra: “está conformada por mi experiencia vital, donde los viajes y la residencia en países diversos han jugado un rol central… El impulso por poner en palabras tales vivencias se traduce en dos niveles escriturales: un diario de vida más o menos rigurosamente mantenido, y la redacción de novelas y cuentos”. En otro párrafo dice: “Los casi cuatro años que pasé en África del Este, concretamente en Kenya, fueron importantes en mi educación sentimental, y me dieron una segunda patria y un repertorio casi inagotable de temas, lugares y personajes”. De ahí Bartolomé opta por escribir libros que hacen parte de un subgénero, que críticos franceses han dado en llamar la novela policial étnica o etnológica (sus padres fundadores, sus representantes más notables son el australiano Arthur Upfield y el estadounidense Tony Hillerman). Bartolomé Leal es un escritor que viaja, y viaja mucho, ahí descubre territorios que, a partir de su experiencia y de sus observaciones, los reinventa, los reconstruye, los narra.
CUATRO Algunos de los elementos que, además de los mencionados, me alucinan de la obra de Leal son dos. El primero es que es un autor que quiere a sus personajes, eso me parece fundamental en toda obra literaria, nos aproxima a ellos, nos invita a conocer su universo. Uno termina sintiéndose identificado hasta con los villanos. El otro elemento que me parece alucinante, que podría dar pie a otra nota, es la opción del heterónimo, pues Bartolomé Leal es un nombre adoptado por el autor chileno en el mismo ánimo con el que el poeta portugués Fernando Pessoa creó a los suyos. Esa es una opción, que desde mi punto de vista, le permite al autor, vivir la literatura más intensamente, le permite hacerla pasar a un plano que sobrepasa al texto mismo, hace que se convierta en un metatexto. Eso me parece notable.
Ese compromiso con la vida y la literatura, sin privilegiar ninguno de esos dos planos fundamentales, ese trabajo obsesivo con el lenguaje y la escritura, hacen de Leal un escritor atípico, hacen que sea un hombre peligroso para el panorama convencional de la literatura. Eso creo que es a lo más alto a lo que puede apuntar un escritor, más si es un escritor de novelas negras. Escribir peligrosamente. Ahí está el placer.
[Fuente: La Ramona 128, 7 de octubre 2007]


Entrevista a Bartolomé Leal

 

           
  página anterior  
INICIO
 
página siguiente