

Estimado José:
He leído varias de tus novelas, En el Cusco El Rey me gustó mas que todas. Su trama lineal permite un seguimiento fácil y la prosa limpia hace un placer de la lectura. Tal vez hubiera limitado un poco la exhuberancia de carajos del protagonista, pero esa es una cuestión de gusto.
Me gustó la captura de la idiosincrasia idiomática del sargento, pues siendo yo de esa área, la comprobé correcta. Me deleité con las descripciones culinarias, que me trajeron gratos recuerdos, especialmente los rocotos rellenos, y por supuesto, siendo de Sicuani, departamento del Cusco, me sentí identificado con la telúrica descrita.
Pero la novela trasciende ese provincialismo.
Especial mención merecen las aperturas de los capítulos, con referencias bien escritas e informativas de los santos, las descripciones de los cuadros, la iglesia de Andahuaylillas, que visité alguna vez y el nutrido conocimiento del autor sobre varios tópicos de la pintura cusqueña y la idiosincrasia del “ethos” peruano.
Pese a ser bastante “cerebral”, es esencialmente una novela detectivesca, y bien escrita. Las intrigas, la actitud de la iglesia, el romance, la indiferencia de las autoridades, finalmente redimida por el petimetre César González del Riego que como premio se lleva a Malena (¿homenaje oculto a nuestro común buen amigo Fernando que al final, para el alivio de todos sus amigos, se convierte en casi un héroe), las escenas con las cholitas, así como también los amores fogosos de Ángel con Malena, dan bastante material pictórico y la posibilidad de un buen guión. Igual la descripción del doctor Guarachi, de los facinerosos en Puno y finalmente el “car chase” en Bolivia y la escena de cierre con terremoto y todo.
Ojala que se pueda llevar a cabo la empresa de llevarla a la pantalla. José, ¿tal vez puedas escribir un guión cinematográfico, reteniendo así la paternidad de las modificaciones necesarias en cuanto a trama y contenido y forma de lenguaje? No se pierde nada con intentarlo. Tal vez el proceso haga evidente los obstáculos que se deben vencer, y aparentes las soluciones posibles.
Un abrazo,
Elías Hasbún
13 de agosto 2008
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