LA LITERATURA POLICIACA EN LA MIRA DE UN CHILENO
por Milton Fornaro
Montevideo, Mayo 2004


Bartolomé Leal (Santiago de Chile, 1946) es autor de dos novelas policiacas: Linchamiento de negro (1994) y Morir en La Paz (2003), recientemente distribuida en Uruguay. Firmando como Mauro Yberra comparte con otro autor chileno la paternidad de los hermanos Menie, circunstanciales detectives y protagonistas de tres novelas escritas a cuatro manos: La que murió en Papudo (1993), ¡Mataron al Don Juan de Cachagua! (1999) y Ahumada Blues (2002). Esta entrevista es el resultado de varios correos electrónicos que burlaron la muralla de la cordillera de los Andes.

En los últimos cuarenta años un número creciente de escritores latinoamericanos ha incursionado en el género policiaco. Más allá de ese hecho ¿cree que existan rasgos comunes propios que permitan hablar de una literatura policiaca latinoamericana?


La verdad es que tengo mis dudas de si existe una literatura policiaca latinoamericana. El policiaco es un género esencialmente anglosajón (británico y yanqui), que se produce como tal, sin ambigüedades; y que ha logrado expresiones no demasiado amplias aunque valiosas en otros países. Así, como bien sabemos los lectores del género, existen grandes autores franceses, españoles, suecos, rusos; e italianos, por cierto (Scerbanenco, Sciascia, Camilleri), más uno que otro holandés, belga, suizo, alemán o australiano. Ahora, también hay latinoamericanos que cultivan el género, algunos muy buenos. Creo que en ciertos medios se asocia autor latinoamericano con autor de izquierda, progresista, lo que ha hecho nacer la ilusión de que existiría una literatura policiaca “social” por estos lados. Puede ser, pero la calificación, por honrosa que sea, no ayuda mucho. Los autores revolucionarios no necesitan del género, si es que quieren usar la narrativa para remecer conciencias o hacer temblar al burgués. Me parece que el género se ha hecho global, cada vez más es un vehículo de comunicación entre territorios y culturas diferentes y en este sentido es un espejo de lo latinoamericano que se valoriza. Pasaron los tiempos en que al-gunos de nuestros autores ambientaban sus novelas de enigma en Londres o Nueva York.
Ahora, pienso que más que grandes autores latinoamericanos hay algunos libros magníficos. Pocos autores se han metido a fondo en el género en América Latina, con la creación de un sabueso señero, más esa mezcla de cantidad y calidad que es una de sus marcas. Esto ha ocurrido desde Conan Doyle y Simenon, a Van De We-tering y James Ellroy, pasando por Vázquez Montalbán y los demás. ¿Quién ha apuntado tan alto en América Latina? Pocos. Uno de ellos es mi compatriota Ra-món Díaz Eterovic, que se ha mandado nueve novelas con el mismo protagonista, el detective Heredia. Hay que tener oficio y pasión para embarcarse en tamaña tarea. Otros autores notables (y tiro nombres al calor de la memoria) como Rubem Fonseca, Paco Ignacio Taibo II, Juan Recacoechea o los cubanos, han dado algunas obras magistrales pero no son los autores tenaces de una serie.


           
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