LT.- El mercado editorial boliviano aún no dispone de “Morir en La Paz”, en líneas generales, ¿cuál es el eje argumental que define a su novela?

BL.- Un tipo muere y resucita (o cree que resucita). Su mejor amigo muere. Otro tipo casi muere, lo resucitan dos veces. Su socio muere. Ambos muertos y resucitados cambian de nombre. Un resucitador muere. Una resucitadora se enamora. Un predicador trata de pecar y muere. Un niño toca la armónica. Una joven dama de alcurnia se llama Elvira. La Paz se ve invadida, es el Gran Poder, es el Choqueyapu que se desborda, son los claveles del aire que agonizan. Tres mujeres bastoneras, hermosas como ángeles, se involucran en los destinos de los dos hombres. Una es falsa, ángel perverso y exterminador. Un resucitado muere, el otro vuelve a resucitar. No se muere en paz en La Paz”.

LT.- En el contexto literario latinoamericano qué lugar ocupa la novela negra

BL.- Pienso que hay un interesante movimiento de “novela negra” latinoamericana que ha enriquecido al género y se equipara al aporte español, que es importante. La “novela negra” latinoamericana, según algunos críticos, ha revitalizado al castellano escrito. Se trata de un movimiento sólido, con una pléyade de autores: Paco Ignacio Taibo II, Milton Fornaro, Leonardo Padura, Rolo Diez, Ramón Díaz Eterovic, Roberto Ampuero, Juan Sasturain, Rubem Fonseca, Daniel Chavarría, Justo Vasco, Rodolfo Pérez Valero, Rafael Ramírez Heredia y una larga lista de escritores sólidos, prolíficos, traducidos y leídos, no son principiantes ni inferiores. El género es atractivo. Para no alargar, quiero nombrar sólo a seis enormes escritores nuestros que han incursionado en el género de la “novela negra”: Sergio Ramírez, Abel Posse, Carlos Fuentes, Luis Sepúlveda, Osvaldo Soriano, Germán Espinosa. Y no nombro a los países, a propósito. Creo que hay aquí un verdadero movimiento literario en el sentido preciso: nos movemos, ¡carajo!

LT.- Siguiendo con lo latinoamericano, en los años 60 surgió el llamado “boom literario” y actualmente toman la palabra movimientos como "McOndo" y el "Crack" mexicano. ¿qué opina de ellos?.

BL.- El boom latinoamericano de los años sesenta fue una estrategia de promoción literaria, con objetivo sobre todo comercial y político, que dejó un balance formidable de autores y obras, para leer y releer.
Autores impregnados de una ética de época, de un alto concepto del oficio literario, con fuerte contenido de denuncia en el marco de una desatada imaginación ¿El McOndo chileno y el Crack mexicano? Es obvio que se trata también de estrategias promocionales apoyadas en el desarrollo comunicacional del presente. Hijos bastardos y parricidas del boom. Como sus etiquetas en inglés lo indican, ya no enfrentan ni cuestionan al yanqui, lo adoran. Está por verse si los libros perduran, el futuro dirá. Por ahora paso, como en el póquer...


           
           
  página anterior  
INICIO
 
página siguiente