Haiti ¡Ah!
           

La Sirène
Gerard Valcin (Haiti, 1923-1988)

 
                 

"Cuando Todo Cae, Queda La Cultura"

 

ARQ. JORGE CABRERA GOMEZ
cabreraj8@gmail.com

El índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, referente estadístico de clasificación de la situación de un país, ubica a Haití en los últimos lugares de desarrollo en el mundo. Conocido sobre todo por esta situación, Haití sirve de consuelo y referente a muchos países americanos, igualmente sumidos en la pobreza, para no estar al fondo de la tabla de clasificaciones.

Haití sin embargo, posee un conjunto de riquezas que escapan a las frías mediciones estadísticas, riquezas que lo colocan en posición importante en el contexto de países americanos y que tienen en la cultura su máxima expresión. La literatura, la pintura, la música, la arquitectura, la artesanía, el cine, son entre otras, parte de una muy rica cultura de este bello y querido país, sometido permanentemente a la violencia de la naturaleza.

“Puerto Príncipe de las furias yace fatigado a mis pies. La velada ha sido larga. El cielo se abre como un vientre malvado. Hambriento de muertos y de deseos. Seis horas y treinta minutos de un día que aún no ha decidido acerca de su carga de nuevas miserias” (1), escribía Emmelie Prophète, en “El hilo de agua”, una mañana de septiembre del 2006, luego del paso de uno de los tantos ciclones que carcomen poco a poco la tierra y los espíritus.

A pesar de la situación de caos absoluto dejada por el terremoto en Puerto Príncipe, la literatura emerge como una de las facetas más interesantes de la cultura haitiana. Cuando todo cae queda la cultura, que es lo único que Haití ha producido y que va a seguir quedando. Ninguna catástrofe podrá impedirle avanzar por ese camino», (“Quand tout tombe, il reste la culture. Et la culture, c'est la seule chose qu’Haïti a produite. Ça va rester. Ce n'est pas une catastrophe qui va empêcher Haïti d'avancer sur le chemin de la culture. Et ce qui sauve cette ville, c'est le peuple. C'est lui qui fait la vie dans la rue, qui crée cette vie. Il ne faut pas se laisser submerger par l'événement. »), declaraba Dany Laferrière, escritor galardonado con el premio Médicis francés por «El enigma del regreso» («L’Énigme du retour»).

“Uno llega a concluir, de puro leer, que rara vez se da una relación directa entre la calidad de una literatura y el éxito económico de una civilización. No es raro que tras cierta fama de orden y progreso se esconda esterilidad creativa. Y, al contrario, no es raro que en un país sumido en la miseria, florezca una creatividad asombrosa”, escribe Bartolomé Leal, novelista chileno.

“Es curioso, y hasta podría resultar paradójico, que un país tan vapuleado y desheredado como Haití haya dado tantos hombres de letras. Como si el talento, la riqueza intelectual, fuera inversamente proporcional al Producto Interior Bruto de una nación. A la renta per cápita de sus ciudadanos. O, dicho de otro modo, directamente proporcional a su pobreza”, señala Álvaro del Río, periodista español de La Razón.

Los autores, como gran parte de haitianos, forman una gran diáspora esparcida por el mundo, siendo Canadá, Francia y Estados Unidos los países de preferencia para su éxodo, huyendo en muchos casos de la dictadura de los Duvalier. René Depestre, con 83 años, decano de los exilados y el más importante y premiado literato haitiano, ayudante de André Breton en París y Premio Renaudot 1988 por “Hadriana dans tous mes rêves”, declara en el sur de Francia: “Una tragedia completa e interminable. Como si el terror cósmico y sísmico se unieran al terror político y social que sufre la isla”.

Cuando uno lee a René Depestre, se da cuenta de la riqueza de su prosa, de la frondosidad de su verbo, pareciera que reinventa el idioma y le da al francés una dimensión tropical, lo llena de colorido y las palabras, de repente, toman una dimensión mágica. La mezcla de lo tropical con el espíritu vudú da a las obras de los literatos haitianos una grandeza poco conseguida por autores de países vecinos, centroamericanos, caribeños y en algunos casos sudamericanos.

El terremoto sorprendió en Puerto Príncipe a medio centenar de autores de distintas nacionalidades, participantes en la segunda edición del “Festival des Etonnants Voyageurs” (Festival de los Asombrosos viajeros), encuentro literario organizado por escritores galos y haitianos que debía arrancar el 14 de enero y que no pudo celebrarse. El certamen pretendía «abrir los ojos del mundo entero a la realidad haitiana, con sus dificultades, pero también a sus sueños», («ouvrir les yeux du monde sur le réel haïtien en ses difficultés, sur le rêve haïtien en sa vitalité»), decía el escritor haitiano Lyonel Trouillot, co-presidente del festival. Desgraciadamente, el terremoto consiguió que el mundo acabe centrándose en las miserias de este pueblo.

Otros autores haitianos tales como el poeta Franketienne máximo exponente del “movement spiralist”, Gary Victor, (“À l’angle des rues parallèles”), Jean Claude Fignolé o Yannick Lahens han sobrevivido al sismo, al igual que Mimi Barthélémy, narradora de cuentos; Ketly Mars; René Philoctéte (“Une saison de cigales”); Dr. Jaques Stephen Alexis, nacido en Gonaïves (“Compère Général Soleil”, “La Niña Estrellita”, “Romancero aux étoiles”) ; Jaques Roumain (“Les gouverneurs de la rosée”); Jean-Robert Constant, (“Gonaïves, bastion du déchoquage”); Jan. J. Dominique (“Cet endroit, mon pays”); Gary Klang, (“Toute terre est prison”); Paulette Poujol Oriol, (“Voyage à l'haïtienne”); Gérald Bloncourt, (“Monologue au bout des vagues”); Yanick Lahens, (“Port-au-Prince la dévoreuse ”); Georges Castera, (“Avant que l'aube s'empoussière”). (2)

El escritor, Louis-Philippe D’Alembert, quien vive entre París y Puerto Príncipe, fue herido en una pierna al querer rescatar a un familiar y el geógrafo y novelista Georges Anglade (Puerto Príncipe, 1944) falleció junto a su esposa bajo los escombros de la casa de uno de sus amigos. Anglade estaba en Haití, junto a otros autores para participar en el “Festival Viajeros sorprendentes». Opositor de la dictadura de los Duvalier, se estableció en Francia en 1965, donde logró un doctorado del Centro de Geografía Aplicada de Estrasburgo. En 1969 se instaló en Montreal y fue uno de los fundadores de la Universidad de Quebec, donde enseñó geografía social hasta el 2002. Fue asesor y ministro durante el gobierno de Aristide y René Préval a mediados de los años 90 y tras abandonar la política se dedicó a la literatura. (3)

No sólo la literatura tiene un desarrollo importante en la cultura haitiana, también la pintura con su estilo “naif”, su colorido y magia, es muy apreciada en el mundo artístico y hay pintores de reputación mundial tales como Philomé Obin; Buffon Thermidor; Alphonse Fritzner; Wilfrid Louis; Pierre Louis Riché; Prèféte Duffaut; Fortuné Gerard; Jorelius Joseph; Jacques Enguerrand Gourgues; Frantz Zephirin; Leroy Exil; Jean Louis Henri; Ettienne Chavvannes; Jaques Geslin; Jean Baptiste Jean; Reynald Joseph. Las obras de estos pintores se presentan en importantes galerías europeas y americanas.

Estos artistas plasman en sus cuadros “los colores vivos e intensos, reflejados regularmente sobre "toiles" de fondo obscuro. En Haití se vivían intensamente los días de mercado. Los domingos, las mujeres con trajes multicolores y sombreros de ala ancha o hermosas pañoletas amarradas como turbantes, irrumpían el espacio formando escenas mágicas de colores brillantes que nos remontaban a siglos pasados. Los haitianos reclaman el derecho a demostrar su dignidad a través de su vestimenta, a pesar de su terrible pobreza”. Como dice el amigo Alfredo Lazarte.

La vestimenta es fundamental para el pueblo haitiano y lo vemos en las uniformes de los colegios, en el cual se combinan los colores de manera admirable. Uno ve fascinado pasar a los niños al colegio, riendo y jugando, con sus pulcros y vistosos uniformes, los zapatos brillando y su atado de libros y útiles amarrados con sogas.

Sin exagerar, un haitiano hace un trazo y ese trazo es bello. Uno ve los letreros de las tiendas de los comercios, de las sastrerías, panaderías, bares, restaurantes o puntos de venta de lotería y son hermosos, delicadamente trabajados, con los colores y proporciones adecuadas y con un sentido naif impactante, a pesar que dentro de los comercios la miseria reina o la dotación de productos en oferta es limitada. De igual manera, los ómnibus, camiones y pequeños buses son pintados con temas religiosos, de colores vivos y armoniosos y se les ve atravesar, entre bocinazos y emisiones de gases contaminantes, como bellos monstruos, bosques de personas, humo y desechos.

Haití no es África ni América, Haití es Haití y tiene una connotación y características propias. El espíritu mágico vaga por su espacio, está impregnado en el ambiente y afecta de manera positiva o negativa a los extranjeros. En Haití uno se siente bien o mal, según como le afecten las vibraciones de la tierra, no hay término medio. Se dice que Haití es una parte no hundida de la La Atlántida y en muchos lugares hay puntos de fuerte concentración de energía.

El movimiento cinematográfico haitiano es también parte importante de la cultura del país y está siempre presente en los principales festivales. En Haití se producen 10 largometrajes por año, rivalizando con Cuba como el mayor productor de cine del Caribe. Los cineastas haitianos, entre los cuales están: Raoul Peck (“Hotel Rwanda” y “Lumumba”, dos filmes de incuestionable calidad); Rassoul Labuchin, Arnold Antonin, Charles Najman y Aniceto Rocha hacen un cine con dignidad, propuesta estética y absolutamente liberador.

"Las películas se están convirtiendo en la forma artística más popular de Haití después de la música", dijo Arnold Antonin, director y presidente de la Asociación de Cineastas Haitianos. Calcula que la producción cinematográfica de Haití se ha incrementado 300% en los últimos cinco años. La primera cinta del país con diálogos en creole se estrenó en 1980 “Anita”, de Rassoul Labuchin sobre una chica campesina que se vuelve sirvienta de una familia rica.

Los artesanos haitianos y sus producción en madera, fibra, cerámica, metal es muy reputada y buscada por los turistas. Como referencia señalemos que la artesanía que se vende en las islas caribeñas francesas, inglesas, holandesas y americanas, en su mayoría, son hechas en Haití, por artesanos haitianos, por encargo de comerciantes de esas islas.

La música haitiana tiene su máxima representación en el ritmo Compas (en francés) y Kompas (en el creole haitiano), música, proveniente de ritmos africanos y el baile de salón europeo, mezclada con la cultura burguesa del Haití. Haití no tenía ninguna música registrada hasta 1937, cuando el Jazz Guignard fue registrado sin fines de lucro. Uno de los artistas haitianos más populares es Wyclef Jean, de estilo hip hop, quien canta en un video clip junto con Shakira.

Pero la otra música, la “verdadera”, es aquella salida del fondo del valle, como una alucinación. Música de cuatro notas de las bandas "raras" que celebran los ritos vudús. Mezclados con el viento se pueden distinguir los bajos, salidos de grandes tubos de bambú. Perforando la noche se escuchan los agudos, producidos por trombones y trompetas, hechas con los envases de latón del aceite de donación americana. Mangueras de goma emiten el sonido grave de sosegadas y espaciadas notas, similares a las producidas por las tubas. De enormes caracoles, “lambis”, brota, intermitente, un sonido grave y fuerte como el trueno. Todo bajo el ritmo de la percusión hecha de tambores de lata y del cántico intimidatorio y alocado de voces desencajadas.

La comida haitiana de sabor creole tiene igualmente sus encantos. La langosta “bucané”, asada en leña a las orillas de las playas de Jacmel, son una reminiscencia de las comidas de los bucaneros; el “lambi”, en forma de sopa o salteado y los pescados asados cubiertos de especias creoles son una delicia para el paladar más exquisito. Esta comida creole, fusionada con la cocina francesa, se ofrece en restaurantes y hoteles elegantes de Puerto Príncipe y Petion Ville.

La arquitectura haitiana se podía sentir en muchas de sus construcciones, sobre todo en antiguas casonas, hoteles y locales públicos de Puerto Príncipe, Petion Ville, Cap Haitien y Jacmel, como los hoteles Alexandra de Jacmel y Olloffson de Puerto Príncipe.

Con sus palmeras, almendros y helechos colgando de enormes macetas de cerámica, buganvillas y flamboyanes, que se esfuman en la penumbra y la soberbia, con la exuberante vegetación envuelta lentamente por las sombras de las tardes tropicales, con sus arabescos y encajes de madera de los frisos, estilo gingerbread, el hotel Olloffson, enclavado en el fondo de un antiguo barrio de Puerto Príncipe, era un paradigma de la arquitectura caribeña.

El hotel fue construido para ser palacio del presidente Demóstenes Sam pero nunca llegó a habitarlo. Graham Grenn escribió “Los Comediantes” mientras vivía en el hotel y Truman Capote era asiduo del mismo. En su época fue lugar de encuentro de artistas, escritores, pintores y hasta antes del terremoto, nadie en el Caribe superaba al bar del hotel en la preparación de su famoso “Rhum Pounch”.

Cuando el viejo y colonial reloj de pie del vestíbulo del hotel daba las ocho de la noche con golpes lúgubres y remotos, Monsieur Joli Coeur hacía su entrada majestuosa, vestido con un traje de lino de un blanco inmaculado, corbata amarilla de pajarita y un bastón de puño de plata. Se sentaba en una inmensa silla de mimbre y pedía su primer “Rhum Pounch” de la noche. Joli Coeur, era el personaje más popular de la bohemia haitiana y durante más de cuarenta años, a las ocho en punto, no dejaba de aparecer en el bar del Olloffson para tomar su bebida preferida. Monsieur Joli Coeur fue una reminiscencia haitiana que murió en el encanto de la decadencia y bajo los escombros de una pared.

La cultura haitiana, en todas sus manifestaciones, no podrá ser destruida por ningún fenómeno natural ni terror político o social, saldrá viva e innovadora de los escombros y será la guía para la reconstrucción y refundación del país. Haití renacerá de su cultura.

Lima, enero 2010

 

1 Traducción Bartolomé Leal

2 Cuentos & Cuentistas. Nueva Narrativa haitiana, Bartolomé Leal

3 Diario La Razón, 22 Enero 2010

   

 
 
 

 

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