

El fascinante mundo de los hijos de perra (2)
¿Por qué odio el fútbol?
Me han invitado a escribir sobre fútbol. Bien. Aunque hay un problema.
Ocurre que odio el fútbol. Lo odio en general, confieso, aunque con
atenuantes si se trata de fútbol de selecciones nacionales. Si es de
selecciones europeas, me lo aguanto, puedo verlo y hasta disfrutarlo... por
unos escasos minutos. Si es brasileño o argentino, también logro
enganchar. Aunque por poco rato: me duermo frente a la tele.
Pero lo que odio carnalmente, insanamente, cerebralmente, salvajemente, es
al fútbol chileno. Ah, sí, ¡como lo odio! Sin atenuantes
de ningún tipo.
El fútbol chileno fue algo, si no importante, al menos digno, en época
lejana. Me refiero a mi niñez, cuando iba al estadio con mi padre,
gran hincha del Colo Colo, sin faltar ningún domingo a la tribuna de
socios. De esto hace medio siglo. Me compraba un paquete de maní tostado
y un refresco de cerezas (el mítico Sorbete Letelier).
El fútbol chileno tuvo algunas pretensiones, en otra era más
cercana, cuando fue tercero en el Mundial del 62, y el equipo de la Universidad
de Chile (el "ballet azul") mostraba por los 70 categoría
y elegancia. El clásico por excelencia era el enfrentamiento de la
“U” con la Universidad Católica: había competencia
de barras, chicas con guaripola, desfiles de carros, alegorías y sketches,
todo eso.
Tiempo pasado... El fútbol chileno es pura pura mierda en el tiempo
actual.
Pura pura mierda, lo repito.
Tengo una columna en mi página web que se titula "El fascinante
mundo de los hijos de perrra". Resulta que hay tres categorías
de hijos de perra sobre los cuales nunca he escrito: los futbolistas chilenos,
los dirigentes del fútbol chileno y los periodistas deportivos chilenos.
Están entre lo peor de esta sociedad, que es la mía.
Voy a empezar por lo peor de lo peor: los dirigentes. Es el imperio de los
nuevos ricos, de los empresarios de autobuses, gasolineras o compraventa de
camiones, de los especuladores inmobiliarios. Son venales y necios, amén
de arrogantes, violentos y vulgares, groseros y matones, charlatanes tránsfugas
de sus gremios, profesionales fracasados. Han pulverizado la tradición
del fútbol chileno. Han inventado los más estúpidos tipos
de campeonatos, que nadie entiende. Han quebrado financieramente a los clubes,
han vendido a los mejores jugadores, destruyendo a los equipos; han despilfarrado
el patrimonio de los clubes, han rematado incluso los estadios. Son los principales
responsables de la situación catastrófica del fútbol
chileno actual, que en otro tiempo era el tercero o cuarto de Iberoamérica.
Hoy día perdemos con cualquier país de la región, algo
inimaginable años atrás.