PREHISTORIA
DEL GRAFITTI
En la actualidad, con el apogeo del feísmo
urbano promovido fundamentalmente por la especulación inmobiliaria,
el agredir las paredes con grafitti se ha transformado
en poco menos que un arte mayor. Se le adula y promueve, y muchos están
dispuestos a poner recursos al servicio de esta expresión (desde
ya el gobierno, con sus dudosos y corruptos fondos para el arte). Expresión
creativa que se supone mayoritariamente juvenil, que apacigua los ánimos
y permite cierto desfogue, en prevención por si de repente se
pusieran demasiado políticos.
Es un pase (en el sentido que le dan los magos) de recuperación
del grafitti como el quehacer pictórico espontáneo
más auténtico; aunque purgado de las ínfulas revolucionarias
de los años 60 y 70, y ahora plagado de una mezcla de esoterismo,
confusión y necedad. Tampoco ofrece una expresión erótica
y mucho menos audacia estilística. Al contrario, se privilegia
la mezcla confusa y gratuita de colores, el dibujo mediocre y la ausencia
de mensajes, el revoltijo ilegible de letras, como no sean los códigos
letales de la droga o los mensajes siniestros de las pandillas. Algún
semiótico podrá decir que el grafitti
es la revolución del significante, un severo ataque al significado,
concebido a priori como retrógrado. El grafitti
sería la ruptura del signo por un proceso semejante a la fisión
nuclear... Vale.
Los grafitti chilenos forman parte, claro, de la moda
mundial. Carecen de cualquier pretensión de originalidad. Son
producidos por auténticos bebedores de coca cola, por adictos
a las teleseries de la televisión llamada libre, por engullidores
de comida chatarra.... No aportan nada nuevo a las corrientes mundiales
del grafitti, pero poseen algunas características
de nacimiento que he pretendido rescatar, con ayuda de imágenes
que a muchos van a repeler y pasarán rápido ante ellas.
Los grafitti que siguen los documenté yo mismo
por los primeros años 80 en Santiago. Son de otra naturaleza
que los actuales, y constituyen de alguna manera ejemplos primigenios.
Se mueven en el terreno de la pura coprolalia y la obscenidad más
vil. Fueron hallados en casas abandonadas a la espera de la llegada
de los constructores, utilizadas para defecar y como refugio de vagabundos,
y son un reflejo de las frustraciones sexuales de los chilenos, que
se manifiestan crudamente en estas versiones prehistóricas del
grafitti.
Quedan aquí guardadas, en esta tumba virtual,
como el origen remoto de las hazañas de los grafiteros de Chile,
la base para aquellos que han transformado Santiago en una ciudad inmunda;
sin olvidar a los que perpetraron las ofensas al patrimonio cultural
del Cusco, la máxima muestra globalizada de la estupidez nacional.
Bartolomé Le