Bartolomé Leal: Morir en La Paz
Por Vicente Francisco Torres

 

El género policial se ha caracterizado por atender, antes que otra cosa, el enigma. De aquí que mientras las obras más se han circunscrito a ese tópico, formen legión. No así las que se han propuesto ir más allá, aún a riesgo de apartarse del género policial y aproximarse a la literatura oficial, según expresión de Alfonso Reyes.

Morir en La Paz, publicada en el 2003 por Ediciones Urano, de Barcelona, es una proteica novela negra que se desarrolla en Bolivia y fue escrita por el chileno Bartolomé Leal (1946), quien tras largos años de residir en la patria de Evo Morales reunió información para nutrir su obra.

En primer lugar, destaca el planteamiento del problema de la coca. Mientras los aymaras la cultivan y mastican por razones culturales y para aumentar la resistencia (sin su consumo es inconcebible el tipo de vida que han llevado, con enormes fatigas por lo accidentado de su geografía, la mala alimentación y las jornadas brutales), la problemática originada por los narcotraficantes es algo que los indígenas no han buscado. Éstos cultivan y consumen su yerba (que el turista puede encontrar en los mercados, a precios irrisorios junto a los rábanos y los melones), mientras que los traficantes se instalan a todo lujo para cultivar y comprar la materia prima que luego procesan para agregarle los elementos dañinos típicos de la cocaína.

Tal como sucede en las novelas tipo El día del chacal, a La Paz llega un par de sicarios gringos para acabar con el dentista Antonio Machicao, hijo del dueño de un hotel de provincias que fue ultimado por negarse a que su establecimiento fuera base de operaciones de los traficantes. El dentista, en compañía de su amigo el detective de medio tiempo Isidoro Melgarejo Daza (la otra parte de su tiempo la consume su trabajo de editor), quiere aclarar el crimen de su padre. Como los amigos sudamericanos se trasladan a la zona de los Yungas, avanzada de la Amazonía boliviana, van tras ellos los sicarios gringos –Edward Contecorvo y Bob Connington, nieto éste de un autor de cuentos policiales siempre rechazados por la revista Black Mask y que, para vergüenza del nieto, el padre publicó después plagiariamente− y esto da pie para que Bartolomé Leal rinda homenaje a la novela de la tierra hispanoamericana.