AMBLER, Eric (19O9). Inglés de Londres, ingeniero, viajero impenitente, letrista de canciones y actor de vodevil, dirige una agencia de publicidad hasta que en 1936 consigue publicar su primera novela. En literatura de suspenso se inicia con Epitafio para un espía (1938), a la que siguen La máscara de Dimitrios (1939), Viaje al miedo (1940), Sucedió una noche (1958) y otras obras donde a la acción se une la reflexión psicológica, en el marco de los conflictos políticos europeos. Ambler se caracteriza por una escritura de particular calidad literaria, rica en diálogos realistas y agudas descripciones del paisaje urbano.
BALLINGER, Bill (1912-1980). Nacido en Iowa, abogado y guionista de cine, destaca por su técnica de narrar en capítulos alternos, creando un compleja y particular tensión. Sus primeras obras, de fines de los años 40, tuvieron por protagonista al detective Barr Breed. Pero es en su segunda época, la de Retrato en humo (1950), Rafferty, teniente de homicidios (1953) y La mujer del pelirrojo (1956), donde Ballinger consolida su estilo, revelándose como un romántico de rara intensidad. Terminó su carrera literaria dedicado al género del espionaje, con la serie de Joaquín Hawks.
BIGGERS, Earl Der (1884-1933). Oriundo de Ohio, Biggers se dedicó al periodismo en Boston, especializado en crónicas humorísticas y teatrales. Su primera novela policial es de 1913, pero sólo doce años más tarde alcanzará el éxito al crear a su simpático y gentil detective Charlie Chan, contraparte de los habituales chinos malvados y crueles de la literatura de quioscos. A destacar: La casa sin llaves (1925, donde Chan aparece por primera vez), El loro chino (1926), Eran trece (1930) y El criado chino (1932), que cierra la serie de 6 novelas con el detective de Honolulú.
BLAKE, Nicholas (1904-1972). Seudónimo con que el poeta irlandés Cecil Day Lewis escribió novelas policiales de enigma, escrupulosamente urdidas y llenas de referencias literarias. Cuestión de pruebas pone en escena a Nigel Strangeways, uno de los más cultos y refinados detectives de ficción. La bestia debe morir, Malicia en el país de las maravillas, ¡Oh envoltura de la muerte!, El crucero de la viuda, El abominable hombre de nieve y Los toneles de la muerte, se cuentan entre los mejores libros de un autor que puede reivindicar una pléyade de seguidores incondicionales.
BOILEAU-NARCEJAC (Pierre Boileau, 1906 y Thomas Narcejac, 1908). Este dúo de franceses ha descollado por sus aportes, individuales y en pareja, a la teoría e historia de la novela policial, pero también porque ha firmado obras como Las diabólicas (1952) y Sudores fríos (Vértigo) de 1958, famosas por las respectivas adaptaciones cinematográficas, pero por sí solas eficaces muestras de suspenso fuerte e intriga bien construída. Han escrito también pastiches de Arsenio Lupin y narraciones policiales juveniles. A mencionar su curiosa novela Al ingeniero le gustan demasiado los números (1959).
BROWN, Fredric (19O6-1972). Más conocido como autor de ciencia-ficción (¡Marciano, vete a casa!), este norteamericano de Ohio tuvo dos grandes pasiones: el periodismo y el alcohol. Cultivó la corriente detectivesca con una serie de siete novelas protagonizadas por Ed y Am Hunter, donde descolla La viva imagen (1948). Sus novelas negras son una espectacular mezcla de fantasía delirante (con toques de Kafka y Lewis Carroll) y búsqueda de un sentido de la vida. A no perderse: El asesinato como diversión (1948), La estatua del terror (1949), Noche de brujas (1950) y El adivino (1953). Fue también un insuperable cuentista.
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