CUNNINGHAM, E.V. (1914). Seudónimo adoptado por Howard Fast, el autor de Espartaco, para escribir novelas negras. Perseguido durante el macartismo por sus ideas de izquierda, conoció la cárcel y la censura. Es el creador de Masao Masuto, el ninsei que funge de policía en Beverly Hills, protagonista de un serie donde destaca El ángel secuestrado (1982). Tiene otra serie de 13 novelas con títulos de nombres de mujeres, publicada entre 1960 y 1975: Sylvia, Pénelope, Lydia, Shirley, Helen, Margie, Sally, etc. Auténtica literatura popular de evasión, con mucho erotismo, acción y sarcasmo, ofrecida por un grande de la literatura contemporánea.

DARD, Frédéric (1921). Si el nombre de este escritor francés no dice mucho, su seudónimo y personaje seguramente sí: el comisario San Antonio, que nace en 1952 con Ajuste de cuentas. La serie crece, con una pléyade de comparsas tan delirantes como el lenguaje que el autor utiliza. Sin contar las bromas de mal gusto que salpican las historias, todas ellas con las tramas más inverosímiles imaginables. Un auténtico hijo bastardo del surrealismo. ¿Títulos? Buscar simplemente San Antonio. Pero igual, Dard ha publicado con su nombre un puñado de notables novelas de suspenso: Los malvados van al infierno (1956), La pesadilla del amanecer (1961), Cita con un cobarde, Mi sucia piel blanca.

DEIGHTON, Len (1929). Con Ambler y Le Carré, este autor inglés es el tercer lado del triángulo de la novela de espionaje de postguerra. Con mucha idea de política internacional, humor mordaz y una visión de entomólogo del espionaje británico, ha producido una vasta obra, siempre interesante. En 1962 inicia la publicación de una trilogía clásica del subgénero: Icpress, peligro de muerte (1962), Funeral en Berlín (1964) y Caballo bajo el agua (1966), protagonizados por el mismo espía inglés, un tipo escurridizo, caprichoso y arrogante, desagradable incluso para el lector. Deighton gusta de incorporar supuesta documentación en sus libros, tomándole el pelo una y otra vez a los servicios de inteligencia.

DÜRRENMATT, Friedrich (1921-1990). Este autor suizo, del cantón de Berna, debutó como dramaturgo (La visita de la vieja dama). En 1952 publica La sospecha, donde protagoniza el comisario Bärlach, que reaparece en El juez y su verdugo (1958). Es el mismo año de La promesa. Creación de un clima, desarrollo de la intriga, explosión de una situación, caída indefectible, he allí la fórmula de Dürrenmatt. Novelas de la fatalidad, que no se satisfacen a sí mismas, sino que aluden a toda una sociedad enferma. Por eso es más que autor policial, y así todos contentos; pero también lo es integralmente, por la fuerza con que maneja los requerimientos estructurales del género.

ELLIN, Stanley (1916). Autor neoyorquino, tal vez el más grande cuentista del género negro. Así lo prueban dos de sus recopilaciones: La especialidad de la casa (que ganó en 1948, el mismo año que Borges, un premio del concurso de Ellery Queen) y El método Blessington (1956). En tanto novelista es reconocido como un artesano de la intriga, para conducir la cual recurre a múltiples recursos literarios, incluído el horror, la denuncia social y la fantasía. Entre sus novelas priman La gran noche (1948), El crimen de la calle Nicholas (1952), Castillo de naipes (1967) y La herencia Valentine (1968).

 

 
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