ELLROY, James (1948). Autor mayor de la novela negra contemporánea y sucesor de Hammett, Cain y McCoy, es hijo de un contador (el de Rita Hayworth, no cualquiera) y de una enfermera de origen alemán, alcohólica. A su divorcio, traumático, el niño de seis años queda con ella. A poco, la madre es asesinada. Sospechoso: el padre, pero nunca se probó nada. Su obra forma grandes ciclos: la trilogía de Lloyd Hopkins, un polizonte bastante canalla: Luna sangrienta (1984), Por causa de la noche (1984) y La colina de los suicidas (1986); y el cuarteto de Los Angeles: La Dalia Negra (1987), El gran desierto (1988), L.A. Confidencial (1990) y White Jazz (1992). Lectura fuerte.

FAULKNER, William (1897-1962). Para no ofender a nadie, digamos que este escritor sureño norteamericano hizo dos excursiones explícitas en la narrativa policial: la novela negra Santuario (1931) y los seis cuentos de enigma contenidos en Gambito de caballo (1949). La figura de Popeye ("ojos saltones") en la primera, es la de un típico marginal violento, como los creados por Cain o MacCoy. Sólo que Faulkner lo dota de una particular crueldad y letal estupidez, como tantos de sus personajes. En los cuentos, protagonizados por un joven abogado de Yoknapatawpha, aprovecha la oportunidad para mostrar cuadros de costumbres, en una faceta distinta aunque coherente, de la saga del mítico distrito.

FEARING, Kenneth (1902-1961). Escritor de Illinois, incursionó en poesía y narrativa antes de lanzarse en la novela negra. Él siempre pensó que su obra poética era lo más importante, y se preocupó de editarla en varios volúmenes de escasa resonancia. Su obra más importante es, en todo caso, El gran reloj (1948), complejo relato policíaco con siete narradores cuyos destinos se entrecruzan, todos guiados por un inasible azar. El libro fue traducido en Francia por Boris Vian.

FLEMING, Ian (19O8-1964). Tal como le ocurrió al Dr. Conan Doyle con Sherlock Holmes, este autor también británico fue opacado por el suyo: James Bond, el Agente 007. Dominado por su madre, acomplejado por su más brillante hermano, Fleming sublimó a través de la escritura su necesidad de aventuras y hazañas amorosas, y su gusto por lo refinado, fueran comidas, vinos o ropas. Todo James Bond es lectura que halaga el intelecto, sobre todo los primeros títulos: Casino Royale (1953), Vive y deja morir (1954), Los diamantes son eternos (1956), El siniestro Dr. No (1958). Luego exageró con el sadismo, los gadgets y vulgarizó su humor. Igual tuvo sus defensores, como Raymond Chandler y Somerset Maugham.

FONSECA, Rubem (1925). Nacido en Minas Gerais y residente en Río de Janeiro, este abogado, crítico de cine y novelista brasileño ha producido dos obras maestras del género policial y de toda la literatura en lengua portuguesa: El gran arte (1983) y Pasado negro (1985). Sobre la ecuación sexo=muerte teje un sombrío cuadro de la sociedad actual, aunque lleno de ambigüedades y provocaciones, donde una erudición natural, no de notas al pie, y un humor desesperado, brillan en tramas perfectas al servicio de la eficacia narrativa.

FRANCIS, Dick (192O). Notable jinete profesional galés, a su retiro se dedica a la novela policial privilegiando los ambientes hípicos, y donde no escatima quemantes denuncias a la corrupción. Fue jockey oficial de la Reina Madre, cosechando triunfos y honores. Sus novelas tienen seguidores fieles y crítica amable, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, destacando Temple de acero (1964) y A coces y patadas (1965), entre decenas de títulos. Sir Dick Francis, ahora caballero de Su Majestad, sigue en las pistas, produciendo novelas ganadoras para alegría de sus fans.

 

 
A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z
 
 
           
página anterior  
INICIO
  página siguiente