



OPINIONES DE LA CRITICA SOBRE
Ahumada Blues
“Misterios y sorpresas y salud para vivirlos, podrían decir los
hermanos Menie y el relator de esta aventura descabellada, que nos lleva por
un Santiago sin toques de queda, de Ñuñoa al cerro Santa Lucía,
de la Peña de los Parra a los lupanares mapochinos de la calle San
Martín... El Santiago de aquellos tiempos está vivo aquí,
en sus trolleys, en los rincones pintorescos, en el tiempo de una existencia,
si no apacible, menos contagiada por el irracional tráfago de la urbe
moderna. Compartimos la nostalgia de este memorioso Mauro Yberra”.
Hernán Poblete Varas. “Santiago 1968”.
Diario El Mercurio.
“Hablamos de una noche de Santiago de Chile con toda la primavera encima:
era noviembre de 1968 en un país libre de sosiego... Una burda madeja
de tráfico de estupefacientes y otras yerbas, une a los personajes
de esta novela negra, desde cuyas página son rescatables Sonya Estravinska,
la bataclana Patty González, el profesor Juan de Dios Manzano, los
matones Rodolfo Valentino y Mario Lanza y el pederasta Tadzio Acquasanta...
Cada uno en su lugar juega un papel decisivo en esa noche que hasta nos invita
al picaresco Bim-Bam-Bum. Una novela que se lee de un tirón...”
Marino Muñoz Lagos. “Una noche de sobresaltos”.
Diario El Magallanes.
“El cerro Santa Lucía no es solamente un conglomerado de árboles,
sino una especie de mundo a cuyos fantasmas sorprendentemente se les ha sacado
poco partido literario. Una excepción es Ahumada Blues, comedia policial
en formato de novela firmada por el autor bicéfalo Mauro Yberra, que
incluye una absurda persecución a través de las «catacumbas»
del cerro, forados laberínticos muy conocidos por los cimarreros santiaguinos
de todos los tiempos. La novela –que describe un itinerario extravagante
a través de Santiago en el paso de una noche de 1968–, termina
con los protagonistas escondiendo el cadáver de un tunante en el sepulcro
de Benjamín Vicuña Mackenna”.
Roberto Merino. “Despedida obligatoria”.
Diario Las Últimas Noticias.
La noche en trolebús
Artemio Echegoyen
Aleonado por sus admiradoras, el novelista Mauro Yberra (1946) cree ser dos personas. Lectores más serios han celebrado de modo unitario sus novelas “La que murió en Papudo” (1993) y “¡Mataron al Don Juan de Cachagua!” (1999), clasificables en el género policial. Lo mismo que ésta, “Ahumada Blues. El caso de Cynthia Muraña”, protagonizada por los hermanos Juan y Jorge Menie, y por el irónico narrador Ángel Pedreros, íntimo de los Menie e impiadoso descriptor de sus caracteres. Policiales de atmósfera ni negra ni roja, sino color verde plátano oriental, el árbol de Ñuñoa.
Los tres son estudiantes universitarios en los remotos tiempos de la educación gratuita. Los Menie, cojo uno y tartamudo el otro, son “chilenos afrancesados, ñuñoínos de corazón, amantes de lo insólito y lo esotérico, dialécticos surrealistas, lectores de Lovecraft, Ouspensky y Conan Doyle”. Pedreros simula tener algo más de sentido común. En “Ahumada blues”, los tres se internan una noche de sábado en el centro de Santiago, convocados por su amiga Cynthia. La hallarán desnuda, pero viva, en un departamento cercano al cerro Santa Lucía, custodiando sin saberlo a un occiso: el “gringo Michael”, estrangulado tras una modesta orgía. ¿Participó la propia Cynthia? Otra muchacha, muy bella y de nombre ruso, ha desaparecido. Comienza una cadena de peripecias en que los tres amigos muestran una osadía inconcebible. Llegan a una casona-palacio del barrio República. Ahí residen la abuela y la madre de la agraciada Sonya Estravinska, que para ganarse unos escudos (moneda vigente en 1968), menea sus caderas en el Bim Bam Bum. Pedreros se enamora de su fotografía; Jorge Menie, de chicas circunstanciales, sean putas o siloístas.
La Peña de los Parra (la Violeta se suicidó un año antes), el Bar Torres, los lupanares patibularios de la calle San Martín, el sudado camerino de una corista lésbica: varios son, y peligrosos, los escenarios en que Pedreros y Jorge Menie deambulan creyéndose héroes de la noche santiaguina, empecinados en rescatar a la joven rusa de las garras de los probables asesinos. Juan, harto de caminar, los apoya en lo moral. En una casa de tolerancia dos cafichones de pésima catadura membrillean al aniñado Jorge Menie.
No falta el singular doctor Manzano (su doble fue entrevistado hace poco por Warnken), corruptor o iluminador de la juventud, y artífice de una revista parecida a la célebre “Luz”, cuya “cientificidad” sexual excitaba en los años 60 a las mamás de mediana edad. Ésa es otra historia. Por ahora, loor a Yberra y su nostálgico ingenio: aquel tiempo de trolebuses y teléfonos discables sin duda era mejor que nuestra pesadilla computarizada. Los asesinatos, al menos, eran a escala humana.
“AHUMADA BLUES. EL CASO DE CYNTHIA MURAÑA”
Novela
Mauro Yberra
EPS Ediciones, 2002. 228 páginas