Escritura a dúo

Presentación de Mauro Yberra en el Encuentro de Narrativa Policial Latinoamericana realizado en Santiago de Chile en abril del 2002


No siendo teóricos del género de la novela negra, nos concentraremos en hablar de nuestra experiencia como autores y aportar también alguna experiencia como lectores. Desde el inicio, hemos llegado a pensar que no teníamos mucho que hacer en esta mesa, ya que los protagonistas de nuestros libros no son los detectives silenciosos, de edad madura, solitarios, marginales, que viven y reptan por lugares más bien opresivos en el centro de Santiago, Buenos Aires o Montevideo, sino que son unos jóvenes parlanchines que actúan por supuesto a dúo (y a trío si contamos al narrador), se portan bastante pedantes y snobs, viven en la Ñuñoa profunda, e investigan crímenes cometidos en balnearios como Cachagua y Papudo, justamente calificados como “cuicos”.
A pesar de estas diferencias evidentes, pensamos que Mauro Yberra tiene algo que aportar en este Encuentro. Y ese algo consiste en que Yberra es un exponente legítimo de escritura a dúo, a cuatro manos, modalidad que tiene larga y noble tradición en el género policial. Curiosamente, es una modalidad de la literatura de ficción casi exclusiva de este género (aunque también de otro género narrativo, como la ciencia-ficción, cabría señalar), porque significa una suerte de renuncia al “yo” personal, cosa bastante difícil entre escritores, donde el “yo” suele adquirir respetable tamaño. Nos parece importante destacar el más relevante caso de literatura a dúo en América Latina, un experimento bastante antiguo. Se trata de Honorio Bustos Domecq, que en el año 1942 publicó en Buenos Aires los “Seis problemas para don Isidro Parodi”, que aparte de su gestación a cuatro manos, agrega una situación nueva a los problemas clásicos de la literatura policial. Don Isidro Parodi (parodia de detective) está preso, encerrado, e investiga desde un cuarto cerrado una serie de delitos cometidos en el exterior, y resuelve casos en su mente a partir de las noticias que le traen siempre unos imbéciles incapaces de comprender los acontecimientos a los que han asistido…
Bueno, todos sabemos que detrás del sonoro seudónimo de H. Busto Domecq están las cabezas de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, los que por propia confesión se divirtieron mucho escribiendo estos relatos. Bioy Casares en su último viaje a Chile contó una anécdota preciosa. Preguntado cómo él y Borges habían decidido escribir a dúo, explicó que todo había empezado porque a él, Bioy, le habían pedido por allá por 1937 que escribiera un texto para una publicidad de yogur. Dándole lata el tema, le pidió a su amigo Jorge Luis que le ayudara, y de esta manera lo apoyaba económicamente. Fue así como se inició esa colaboración que culminaría en el terreno literario con el seudónimo común de H. Bustos Domecq.
Vale la pena señalar que Mauro Yberra hizo algo parecido, sólo que el primer tema de escritura a dúo fueron sus personajes. En el hecho, los hermanos Juan y Jorge Menie tienen por modelo a unos amigos comunes, también de la infancia, y con quien hemos mantenido amistad hasta el presente. Ambos residen en París. De tanto hablar de ellos

     
 
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